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La Comunicación

“Para hacerse comprender lo primero que hay que hacer con la gente es hablarle a los ojos.”

Napoleón

Les comparto una reflexión sobre un tema de gran relevancia para lograr una mejor relación: la comunicación. Desde la revolución causada por el internet y otras tecnologías digitales, nunca antes la gente había estado “mejor conectada”, aunque no necesariamente mejor comunicada o integrada en sus relaciones personales.

Veo con cierta preocupación que existe una especie de “Adicción Virtual”, que nos está llevando a un comportamiento obsesivo-compulsivo en el uso de estas tecnologías de forma abusiva, como expresa el psicólogo David Greenfield en su libro “Virtual Addiction”.  Tecnologías que no son buenas o malas, depende del uso y contexto en que las utilicemos.

Les invito a visualizar este escena: en la mesa de un restaurante están sentadas cuatro personas en una animada conversación, cuando una de ellas decide contestar el celular, a los pocos segundos, otra decide aprovechar el “break” para realizar una “rápida llamadita” y, sin perder el tiempo, la tercera empieza a “chatear”, la cuarta es usted, que no sabe para dónde mirar, ni qué hacer, porque ha cometido el imperdonable pecado de dejar el celular en su casa. ¿Dónde quedó la animada conversación?

Otro extraño escenario de la vida real, se trata de una pareja recién divorciada, quienes se comunican mediante el chat para no tener que verse ni escucharse personalmente, aun estando en el mismo lugar. Tremendo ejemplo para nuestros hijos adolescentes sobre cómo arreglar los problemas virtualmente sin enfrentarlos. Sin hablar de lo solitariamente acompañados que podemos estar cuando pasamos horas comunicándonos con el mundo entero, de forma virtual.

Me pregunto, cuál será el impacto de estos comportamientos en las próximas generaciones, jóvenes que en la misma mesa prefieren chatear con los comensales en lugar de comunicarse cara a cara.

Con un abuso o exceso de estas formas de comunicaciones, podríamos estar en peligro de convertirnos en incapacitados para mantener buenas relaciones interpersonales.

Solo tengo que “desconectarme” cuando no deseo hablar con alguien, construyendo altos muros que me inhabiliten para poder comunicarme e interactuar de la forma natural que Dios lo definió desde que le dio esta habilidad al homo sapiens.

Las tecnologías están afectando la forma en que vivimos, interactuamos y amamos. Busquemos un balance, analicemos si éstas están a nuestro servicio o nosotros al servicio de ellas. Alcancemos el equilibrio, son buenas si mejoran nuestra calidad de vida; si perjudican nuestra habilidad para comunicanos debemos de estar alertas y hacer un cambio.

¡Viva la Era de la Comunicación Digital!,   pero no seamos esclavos de ella. No perdamos el placer de una cálida mirada, el agradable estremecimiento que recorre nuestro cuerpo ante el accidental contacto de la persona amada, la elocuencia incontenible de los gestos de nuestro interlocutor. Recuerde que hay cosas que es mejor decirlas de forma personal.

Que haya una mayor y mejor comunicación entre familias y amigos y juntos podamos construir un mejor país.

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